jueves, 26 de abril de 2012

Pedacitos del mundo


 Como os he dicho en alguna ocasión, colecciono cosas -tranquilos, no llego a Diógenes-, y entre ellas, piedras. Sí, sí, habéis leído bien, colecciono piedras, piedras del mundo.

Hay gente que cuando viaja se trae de souvenir postales, dedales, camisetas, monedas, accesorios de baño, tazas de desayuno o cualquier otro ente. En su defecto, si no es uno mismo el que viaja, y el que lo hace es un familiar o amigo, hay quien encarga algo del destino, a fin de ampliar la colección, y de cubrir terreno -sobretodo de aquellos sitios que no sabemos si llegaremos a conocer-.

Pues bien, cuando viajo siempre me traigo una piedra del lugar que he visitado - playa, ciudad, montaña, volcán...-. Si quien viaja es otra persona, y el destino me es desconocido, pido que me traigan una piedra. Estoy acostumbrada a una cara de asombro o extrañeza por la petición, por lo visto no mucha gente pide souvenirs así, pero lo que está claro es que barato es, y por lo general siempre se acuerdan.

Todas esas piedras, traídas por mí y por otros, las guardo en un jarrón de cristal en mi habitación -el cual sufrió un accidente hace más de un año, y se rompió, por lo que las piedras han pasado todo este tiempo en una bolsa en la galería a la espera de encontrar un jarrón óptimo para ellas. Hace unos días le encontré en IKEA, y ya por fin las piedras vuelven a estar donde debían-. Fuera parte del efecto decorativo, que es obvio, está la parte más profunda, lo que significan, lo que representan

Tener pedacitos del mundo al alcance de la mano es algo mágico, enorme, significativo... Año tras año la colección va creciendo, y aunque no las etiqueto, sé que tengo piedras de cuatro continentes -partiendo de la idea de siete continentes (América del Norte, América del Sur, Europa, África, Asia, Oceanía y Antártida)-, decenas de países, y cientos de lugares

Poseer trocitos de mundo me hace sentir más cerca de esos lugares. Tocar un pedacito de mundo que tiene millones de años, millones de historias, millones de sentimientos, te recuerda que formas parte de algo inmenso,  y complejo, a pesar de lo pequeña y simple que puede ser la piedra en sí.

Lugares que quizás no conozca nunca, se juntan con los que conoceré, y los que conozco, formando parte de mi pequeño mundo, un pequeño pero inmenso mundo, al alcance de la mano. No son simples piedras, son pedacitos del mundo, mis pedacitos del mundo.

Recibir una piedra de souvenir, la haya pedido o no, es más importante para mí de lo que puedo explicar. Una piedra en el camino para ti, puede ser una pieza de mi mundo.

Si viajáis y os acordáis de mí, traedme una piedra, ayudadme a formar mi pequeño mundo.

PD: A todos los que me habéis regalado alguna vez una piedra de vuestros viajes, gracias por acordaros, gracias por contribuir, gracias por llenar mi mundo.



Debido a un grave -enorme, garrafal, monumental...- error de la autora, se eliminaron todas las imágenes del blog. Unas se pudieron recuperar, pero otras, por el contrario, no fue posible.

Si estás leyendo esto es porque las imágenes que aquí había no han podido ser recuperadas, ni reemplazadas en su totalidad. Si quieres saber qué pasó, haz clic aquí.

Lo siento, no puedes disfrutar de estas imágenes, pero hay otros muchos post ilustrados deseando ser leídos por ti.



3 comentarios:

  1. Vaya que original, yo colecciono imanes para la nevera, pero claro no es lo mismo que tener un pedacito del mundo.

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  2. REBECA: No deja de ser otra forma de tener pedacitos del mundo, aunque sean pedacitos manufacturados ;)

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  3. Cuando viaje recogeré la piedrecita, con la esperanza de poder entregártela

    Besoooos

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